Las ocho de la mañana. Aunque sea fin de semana mi pequeño está ya despierto y solo la lectura de un cuento de animalitos consigue retenerlo junto a mí en la cama, en un vano intento por retrasar la hora de levantarnos. Al llegar a las páginas de los que viven en la selva se pregunta sorprendido que dónde están las toallas de ese grupo de cocodrilos que se bañan en el río. "Los cocodrilos son como los machotes, Ignacio, que nos secamos a pelo en la arena cuando salimos del agua". Ésa fue mi convincente respuesta.
Un rato más tarde, cuando terminaba de ver la película de Manuelita, le preguntó a su hermana si la tortuga se había casado ya con Bartolito, su fiel amigo de la infancia. La escena no deja lugar a dudas, pues todos los animalitos aguardan entusiasmados a la pareja al pie de la escalinata de la iglesia. Cuando los novios salen cogidos de la mano, Alejandra le contesta que "todavía no, que será justo después de la foto que les hacen en ese instante... ¡lo ves!, ahora que se dan ese beso en los labios." Y uno, que a duras penas ha conseguido despertarse pese a llevar un par de horas en planta, se queda en esta ocasión sin capacidad ni opción de réplica. Son como niños.
4 comentarios:
¿Esta criatura es la misma que un día estaba convencida de que tú no eras una persona y no así su mamá, su abuela, su amigas...?
Pues me encanta.
Pero la repuesta de los machotes y los cocodrilos no la voy a comentar.
La misma, Blimunda. Y me mantengo en mis trece respecto a las toallas, los machotes y los cocodrilos. ¿Qué le vamos a hacer?
ASÍ ES MI PRINCESA, llena de Glamur y muy romántica, y su hermano eso de secarse al sol lo dejaremos para otro año
Lo dejaremos para otro año, mami, pero no me negarás que cuando deja de tiritar echa la toalla al suelo y dice "así se secan los machotes, papi"... y se golpea el pecho con el puño.
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