domingo 25 de diciembre de 2011

Anís y polvorones

En mi última entrada les escribía sobre la última voluntad de mi tío Rafa. Abordar este tema fue -y sigue siendo- emotivo para mí, sobre todo por las fechas en las que nos encontramos. Tanto en los comentarios como en los correos que intercambié con algunos familiares hablamos de cuánto disfrutaba él de las navidades. No sé bien por qué sigo escribiendo sobre el asunto: supongo que mi subconsciente necesita de palabras que borden el pañuelo donde enjugar mis lágrimas. Pero no todo van a ser tristezas, que también prometí traer hasta aquí algunas anécdotas divertidas.
          Entre otras cosas, en el viaje supe que mi tío Rafa era un consumado castrador de retrovisores, un esquiador cantarín que fue la envidia de los tiroleses; aunque su mal humor -ese que pensábamos que reservaba solo para la familia- también era conocido en todo el Valle de Montafon, desde Schruns hasta St. Anton, sobre todo cuando los descensos que hacía en las pistas de esquí no eran de su agrado. Y como decimos por aquí abajo, un auténtico pata negra hasta el último día de su vida... o puede que más. Les cuento.
          En el Hotel Adler de St. Anton im Montafon, donde llevaba una treintena de años alojándose, esperaban para el doce de noviembre la llegada de los sobrinos de Rafa. Hasta allí llevaron él y sus amigos no solo el vino de Montilla, el fuet o la butifarra; sino también el jamón de nuestra tierra: el ibérico pata negra de Jabugo. Cómo no será la cosa que es uno de sus mejores amigos quien se encarga de servir al hotel los pedidos desde España, y quiso la casualidad, el azar o el destino, que dos patas curadas arribasen al lugar un par de días antes que sus cenizas, que transportábamos nosotros. Uno de los miembros de la familia que regenta el hotel, quizá no bien informada, recepcionó el envío llegado desde Jabugo que el portador le anunció como el paquete que esperaba de España... y si no llega a ser porque poco después alguien la avisó para que dejase de llorar pues no estrujaba a su querido Rafa sino a dos patas de jamón, todavía a día de hoy les aseguro que permanecería abrazada a tan noble causa.
          Ya lo ven, un pata negra, cómo no... que desde que tengo uso de razón cada 25 de diciembre pedía desde la cama que alguno de sus sobrinos se apiadase de él y le alcanzase -por caridad- un par de polvorones y una copita de anís para recibir como merece la Navidad. Navidad que siempre me sabrá a los barbudos besos con los que me felicitaba. Navidad que hace un rato recibí igual que él: con una copa de anís y un par de polvorones. Porque no les quepa duda de que siempre quedará algún Muñoz sobre la faz de la tierra: hijo, sobrino, nieto o bisnieto, que la recibirá como él acostumbraba. ¡Feliz Navidad!

6 comentarios:

Blimunda dijo...

Bordar un pañuelo con palabras ya es saber bordar...
Que el espíritu del video que ha colgado Cotta en su blog sea contigo y con todos los tuyos.
Feliz Navidad, Alejandro.

El alegre "opinador" dijo...

¡Querido amigo! ¡Feliz Navidad! Que la sigamos recibiendo como un momento de "nacimiento" y esperanza...
Un gran abrazo.

América dijo...

Los recuerdos mantienen vivos nuestros seres queridos,costumbres,gestos,detalles.
Otro hermoso homenaje a quien perdura intacto en muchos corazones.
Feliz Navidad y un Próspero y Venturoso año 2012.
Un fuerte abrazo para ti y los tuyos.

Alejandro dijo...

Muchas gracias a todos, y reitero desde aquí mis deseos de felicidad para todos los que me visitan... muy especialmente a Blimunda, El Alegre Opinador y América.

Feliz Navidad, amigos.

Aurora dijo...

aunque tarde te comrnto. e ha emocionado lo que has escrito, y es verdad era el más disfrutaba. acuérdate lo regalos se entrgaban por la noche después de la cena y los villanciscos, y bien generosos que eran los suyos, y los que aportaba de la aixa, siempre volviamos a casa bien cargados

Alejandro dijo...

Bien cargados, mami. Sobre todo de cariño. Un beso muy fuerte.