El libro es de 2010 y el profesor Trías, con el que tendré pendiente de por vida la deuda de haber sido uno de sus peores alumnos en mi época de estudiante de arquitectura en Barcelona, falleció en 2013 sin ver cumplido su deseo, dejando en el tintero, entre otras cosas, lo que tenía que escribir sobre otros músicos para completar la trilogía. Lo dicho, no somos nada.
domingo, 9 de marzo de 2014
No somos nada
Impresionado aún por el estado de salud de alguien cercano hojeo "La imaginación sonora", de Eugenio Trías. "¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios de ese canto desconocido cuya primera y solemne nota la entona la muerte?". La cita inicial de Franz Liszt es sobrecogedora. No hay que ir más allá del cuarto párrafo del prólogo para leer estas palabras del autor: "Ignoro si este díptico (se refiere al libro) podrá ampliarse hasta ser un tríptico. Desearía que así fuese, pero ahora quiero cambiar de tercio, al menos durante un tiempo. Depende en gran medida de que los dioses sean clementes con mi salud."
jueves, 2 de enero de 2014
Km 9: Cálculos peregrinos
No está uno para demasiados cálculos en la calle Torneo, a 33 kilómetros de la meta, aunque es cierto que cuando alguien se habitúa a correr su cabeza no para de hacerlos constantemente. Por eso, y ante la inutilidad de averiguar si llevo un ritmo que me permita rebajar las cuatro horas mi cabeza se entretiene en otros cálculos más peregrinos.
Desde que entramos en el Paseo de Colón el circuito está delimitado en algunos puntos por vallas metálicas, ora a la diestra, ora a la siniestra. Cuando corro mi mente procesa información constantemente, además de hacer cálculos actúa como un radar capaz de detectar cualquier obstáculo que se interponga en mi camino. Parece que no es así para el resto de corredores pues desde un par de kilómetros atrás es constante el ruido de vallas que se arrastran. Los hay de dos tipos diferentes, los golpes secos y los continuos. Los primeros no representan para un corredor mayor problema que un pequeño traspiés cuyas consecuencias no irán más allá de un insignificante moratón. Los segundos son diferentes pues si el ruido de la valla no cesa hasta que termina de arrastrase solo se puede deber a que el empuje lo hace un corredor con la parte central de su anatomía (y una pierna a cada lado), o lo que es lo mismo, un maratoniano que en caso de llegar a meta lo hará con los huevos cascados.
* * *
Ya he dicho que cuando uno se habitúa a correr se convierte en una especie de calculadora humana, alguien que es capaz de precisar antes de salir de casa si regresará a tiempo para el baño y la cena de los niños; o que incluso es capaz de modificar su recorrido habitual para hacer los kilómetros o tiempos que pretende con un error de precisión prácticamente inapreciable.
Esta fría mañana de domingo es diferente, más que anticipar los kilómetros que voy a correr mi cabeza solo piensa en cuándo volverá a sentir las orejas, de sí hará sol cuando llegue por la dársena a San Jerónimo o sobre si Melendi, que me acompaña hoy, dejará de cantarle odas a los canutos que se fuma. Y no solo eso, también pretende averiguar la edad de la única corredora que no se protege del frío con mallas, cortaviento, guantes, gorro o braga. Va con calzón corto y camiseta de algodón y tengo la seguridad de que debe de haber pasado más de un lustro desde que superó la edad de jubilación. Además, y sobre todo, me da por pensar en dejar de hacer el vaina desde tan temprano y no volver a madrugar en esos días en los que apetece hacer cualquier cosa antes que preparar en serio otra maratón.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Km 6: Puerta del Príncipe
Una de las fotos más típicas de la maratón de Sevilla es la imagen de los corredores ante la Maestranza, en dirección Torre del Oro en las ediciones anteriores o en sentido contrario en el recorrido que hoy estrenamos. Delante de la plaza coincidimos un reducido grupo de aficionados a la fotografía con otro más numeroso de locos por las carreras. A mí no me importaría tener una foto mía con la Puerta del Príncipe de fondo, aunque no entiendo a quién pueda interesar la toma de un grupo de mediocres trotacalles corriendo con la cabeza aún erguida y dorsales prendidos al pecho con alfileres, repletos de cifras e incertidumbres.
Ahora que está tan de moda denostar lo taurino no seré yo quien pretenda convencer a un detractor de si se trata de espectáculo cruel o arte supremo. Lo que sí parece difícil de discutir es que el torero está especialmente dotado para manipular a su antojo la medida del tiempo, haciéndolo discurrir más lento durante la lidia del toro en la plaza. Es algo difícil de explicar, no creo que el mismísimo Einstein supiese bien cómo hacerlo.
Algo parecido me pasa hoy con la percepción del espacio. Aunque esté delante de la Puerta del Príncipe la sitúo a 35 kilómetros de aquí, en el estadio no-ólímpico de La Cartuja. Todavía es pronto, de todo puede suceder, desde que salgamos a hombros por la puerta grande a que abandonemos cabizbajos por la de cuadrillas, convencidos de que habrá otra oportunidad. Cualquier cosa antes de que la maratón nos aseste a alguno una cornada, que también las da, y salga alguien por la de enfermería. Es evidente que no se puede comparar, pero en España cada temporada mueren más maratonianos que toreros.
Algo parecido me pasa hoy con la percepción del espacio. Aunque esté delante de la Puerta del Príncipe la sitúo a 35 kilómetros de aquí, en el estadio no-ólímpico de La Cartuja. Todavía es pronto, de todo puede suceder, desde que salgamos a hombros por la puerta grande a que abandonemos cabizbajos por la de cuadrillas, convencidos de que habrá otra oportunidad. Cualquier cosa antes de que la maratón nos aseste a alguno una cornada, que también las da, y salga alguien por la de enfermería. Es evidente que no se puede comparar, pero en España cada temporada mueren más maratonianos que toreros.
* * *
Los entrenamientos para la maratón se combinan con la participación en carreras, que sirven como test para valorar nuestro estado de forma. En mi corta trayectoria maratoniana es ya habitual la media de Córdoba, mi segunda patría. La corrí el pasado domingo, en un tiempo de 1:45:19, a un promedio de cinco minutos por kilómetro, que en mi caso no está mal para el poco tiempo de preparación que llevo y porque no acabé cansado. Los que nunca han corrido creen que se fracasa si no se llega entre los trescientos, perdón cincuenta... en fin, todo lo que no sea quedar entre los diez (digo, tres) primeros. Como si ellos (pongamos por caso) aficionados al fútbol fuesen capaces de marcar un gol a Casillas desde su sillón, o de contener las incursiones por banda de Jesús Navas, Cristiano o Leo Messi.
Dejando aparte a los profesionales de esto, en las carreras de fondo la mayoría de los participantes son aficionados, gente que está ahí gracias al tiempo que le roba a su descanso y la familia, no sé en qué orden. Son competiciones en las se lucha contra uno mismo, o a lo sumo, contra el cronómetro (su propio cronómetro, no el de los demás). Por eso, en una media maratón se pueden estar disputando cuatro mil carreras a la vez, o nueve mil si hablamos de maratón.
Correr me está enseñando a ser humilde. Desde aquí mi sincera felicitación a los 2079 participantes que llegaron antes que yo a la línea de meta en Córdoba. Y a los 1626 que quedaron por detrás, y muy especialmente al último clasificado. En una carrera de fondo hay una persona que recibe casi tantos ánimos como el primero. Es el último, el que cierra la prueba, al que todo el mundo apoya para que gane su carrera.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)